Como los terremotos de Japón, los grandes incendios forestales han venido para quedarse. La España vacía no tiene números para cuidar de sus montes y baldíos, son censos de fincas y terrenos sin propietarios conocidos en una buena parte de ella. Es nuestro estilo de vida, y no vamos a volver al campo que abandonamos hace ochenta años. Por virtud del que ha asolado la sierra suroeste de Madrid, a ojos del país entero, y tras décadas de constante agravamiento en la destrucción del patrimonio forestal, se ha visto que los fuegos de última generación desbordan los medios de extinción, acercándose peligrosamente a urbanizaciones y pueblos grandes.
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