España tiene cierta tendencia a las fronteras atípicas. El término municipal de Llívia o la frontera por turnos —seis meses francesa, seis española— de la Isla de los Faisanes, entre Irún y Hendaya son dos buenos ejemplos. En esta línea, la geografía española tiene el curioso honor de albergar la frontera más breve del mundo. Son apenas 85 metros de arena que separan España y Marruecos en tierra africana por la posesión española del Peñón de Vélez de la Gomera.
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