A la entrada del aparcamiento del Embolsamiento, una superficie asfaltada para descongestionar el tráfico en Ceuta, un enorme cartel recibe a todos los vehículos que suelen esperar horas antes de cruzar a Marruecos: “Prohibido tocar el claxon, zona hospitalaria”. Pero allí, en los alrededores de la explanada, habilitada con carpas militares para acoger inmigrantes, hace semanas que no se escuchan pitidos. De los vehículos, policiales o sanitarios, que pasan por la barriada de Loma Colmenar, solo salen sonidos de sirenas. También el de algún disparo al aire. El ruido que desespera a los vecinos es el griterío, constante, de cientos de marroquíes que se han asentado a los pies de sus viviendas a la espera de acceder al interior del recinto para conseguir una cama donde dormir.
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