Al margen del origen de la “violación de la integridad territorial de España” por parte de más de 70.000 personas procedentes de Marruecos, la realidad es que la permanencia de un número indeterminado de ellas 40 días después (solo han sido expulsadas 200 según afirmaba el ministro Torres en una entrevista en La Vanguardia ayer) está creando un problema que no se puede dejar pudrir. Hay que hacer pedagogía. No hablo de Ceuta, donde la indignación ciudadana y el miedo son comprensibles ante la situación que vive, si no del resto de España, donde la inmigración, hasta hace poco, no se veía como un problema.
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