En el imaginario judicial catalán hay dos bodas ilustres que acaban en condena. La primera, la de la hija de Fèlix Millet. El exdirector del Palau de la Música ordenó cubrir la platea para celebrar un banquete de alto copete y cargó la factura de la fiesta a las cuentas de la entidad cultural. Luego, les cobró la mitad a sus consuegros. Ánimo de lucro, enriquecimiento y divorcio familiar tras descubrirse el pastel… La otra es una fantasía del Tribunal Supremo para justificar su negativa a aplicar la amnistía a Carles Puigdemont y el resto de líderes del procés .
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