El Senado ha arrastrado históricamente la imagen de una cámara de segunda fila, convertida en ocasiones en una jubilación dorada para políticos apartados de la primera línea política. Hace ya varias décadas, Pasqual Maragall planteó la conveniencia de trasladar la institución a Barcelona en aras de favorecer la descentralización del Estado. La iniciativa que recogieron otros alcaldes de Barcelona y dirigentes del PSC y que incluso el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso sobre la mesa en alguna ocasión quedó en nada, en agua de borrajas. El Senado no se ha movido de Madrid y no se espera su traslado ni a la capital catalana ni a ningún otro rincón de la España periférica.
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