Los tribunales marcan el destino penal de aquellos que están sometidos a instrucción judicial, pero es la calle la que juzga la coherencia y la credibilidad. Para el PSOE, una marca que se sostiene sobre el relato de la justicia social y la honradez en conductas y formas, el verdadero problema actual no es la amenaza de la toga: es estético. Y la estética, en la izquierda, funciona como un termómetro moral. Por eso, más allá de lo que acabe dictaminando la justicia sobre el caso Zapatero, el caso Leire Díaz o de las derivadas del caso Ábalos, lo que está asfixiando al partido es la amenaza de desconexión absoluta de aquellos que se ven sorprendidos por una escenografía incómoda.
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