José Luis Rodríguez Zapatero tiene varias caras. La primera, la del político progresista comprometido con el no a la guerra y con los avances sociales como la ley de Igualdad, el derecho al aborto o el matrimonio homosexual. La segunda, la de un presidente del Gobierno socialista que dirigió un equipo sin grandes escándalos durante siete años, pero con la cuestionable gestión de la crisis económica que le costó el mandato. La tercera, la de un exjefe del Gobierno de perfil bajo, con acercamientos a países como Venezuela o China. Y desde el pasado martes: una cuarta, la del primer exmandatario español investigado por presuntamente dirigir una “trama organizada” dedicada a enriquecerse a cambio de sus influencias en altas instancias.
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