Del 2004 al 2008 trabajé con el expresidente Zapatero como director del departamento internacional de la Presidencia del Gobierno. Le tengo un gran respeto como presidente y mucho afecto personal. Fui a cerca de un centenar de viajes con él; pasé mucho tiempo a su lado, trabajando, pero también en momentos más relajados, y no le vi nunca ningún gesto ni ningún hecho que permitiera poner en duda su integridad. Por eso las acusaciones que pesan sobre él por tráfico de influencias y blanqueo de capitales me provocan estupor y un gran escepticismo.
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