Los políticos fueron los primeros en acercarse al Papa por su condición de jefe de Estado, pero cuando Robert Prevost se liberó de las obligaciones y el protocolo, escoltado en todo momento por el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, optó por los pobres y los jóvenes como primeros destinatarios de un mensaje que asegura que es para todos. Para creyentes, en especial, pero también para la sociedad en general, apuntaba a primera hora en el vuelo papal.
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