El papa León XIV compareció ayer ante las Cortes Generales con un discurso cuidadosamente construido para interpelar algunas de las principales fracturas de la España contemporánea. Habló de inmigración en un momento de auge de los discursos extremistas; de diálogo en un país atravesado por la polarización; de paz cuando Europa vuelve a debatir sobre el rearme; y de la defensa de la vida en términos que reabren viejos desacuerdos entre la Iglesia y los poderes públicos. Todo ello bajo una idea central: la de salvaguardar la dignidad humana como criterio último de la acción política y legislativa.
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