León XIV se convirtió ayer en el tercer Papa que visita la Sagrada Família. Lo hizo en el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, siguiendo la estela de Juan Pablo II en 1982 y de Benedicto XVI en el 2010. Es significativo. Ya son dos las veces que un Papa preside una eucaristía en la basílica que se empezó a construir hace 144 años –y que, tal y como el Pontífice subrayó, es un templo aún en construcción– mientras que de la catedral, con siglos a sus espaldas, sin ir más lejos, no se puede decir lo mismo.
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