En España, como dejó dicho el difunto Alfredo Pérez Rubalcaba, el Fouché del PSOE del Antiguo Régimen, enterramos espléndidamente a aquellos que pasan –no siempre de forma voluntaria– a esa mejor vida que no es vida en absoluto. La política indígena es todo un prodigio en el arte, nunca suficientemente valorado, de las pompas fúnebres y los rituales del adiós.
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