España atraviesa un momento económico tan prometedor como delicado. La economía crece con vigor, el empleo avanza, la productividad mejora y el país mantiene un crecimiento diferencial frente a una Europa estancada y un entorno internacional cada vez más incierto resultado de las decisiones del derechista Trump. Pero sería un grave error interpretar estos resultados como una garantía de futuro. Precisamente ahora, cuando empieza a consolidarse un modelo de crecimiento más productivo, equilibrado y socialmente justo, algunas de las bases que lo han hecho posible comienzan a agotarse. Por eso, disponer de unos Presupuestos Generales del Estado para 2027 no es una cuestión administrativa ni un trámite político más: es una necesidad para evitar que el cambio de modelo se gripe. El Gobierno de coalición ha demostrado que era posible algo que, en principio, parecía difícil de conseguir: reducir el déficit y la deuda pública sin recortar el gasto social e impulsando, simultáneamente, la inversión y el empleo.
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