Hay momentos en los que la política debería hablar menos y decir más. Los grandes incendios de este verano no son solo una tragedia ambiental y humana. Son también una prueba para las instituciones y para quienes las dirigen. Precisamente por eso, es ahora, mientras el humo aún oscurece el horizonte y los equipos de emergencia se juegan la vida, cuando conviene observar qué hacen y qué dicen los responsables públicos. Después llegarán otras noticias y ese mecanismo tan humano de archivar lo importante en el cajón del olvido.
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