Tenía 18 cuando leí por primera vez La Odisea junto a La Ilíada . Recuerdo perfectamente cómo disfruté de este viaje lleno de trampas y sentido de supervivencia. Lo que sentí con el troleo supremo al Cíclope: Nadie; la fiesta de hombres-cerdo con la bruja Circe que me recordaba a una escena de la película Willow ; y a Argos, el perro que espera durante 20 años a su amo, siendo el primero en reconocerlo al regresar. Los que hemos tenido perros sabemos en este punto que despiertan algo en el alma que literalmente no sabíamos que existía y cuando no están vuelve a irse con ellos. Ese nacimiento y esa despedida. Pero éste no será el enésimo análisis estival sobre el famoso poema épico de Homero a raíz de la reciente adaptación cinematográfica de un genio como Christopher Nolan. De la odisea de la que voy a hablarles, si les parece bien, es de tres chicos de Deva y de su relación sobre lo que les pasó con la política española, Odiseo mediante.
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