La crisis de Ceuta se ha convertido para Giorgia Meloni en una oportunidad para intentar imponer su agenda migratoria en Europa. En la derecha italiana se celebra el “éxito de la iniciativa diplomática” por haber situado el refuerzo de las fronteras en el centro del debate europeo. Pero, al mismo tiempo, en Palazzo Chigi existe un temor mucho más inmediato: que España responda con medidas de reciprocidad, introduciendo controles para los viajeros procedentes de Italia. En pleno mes de agosto, cuando cientos de miles de italianos pasan sus vacaciones en España, esa decisión podría traducirse en largas colas en aeropuertos y puertos y acabar poniendo en evidencia el carácter esencialmente simbólico –o, como denuncia la oposición italiana, “populista”– de la suspensión temporal de Schengen decretada por Roma.
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