El Gobierno comenzó a principios de semana a tomarse en serio, tras las alertas de los servicios de información que se habían logrado camuflar en grupos de redes sociales, la posibilidad del intento de cruce masivo en Ceuta, que terminó frenando ayer Marruecos. Los distintos ministerios a los que salpica la cuestión migratoria pusieron en marcha la maquinaria para lanzar el mensaje, a sabiendas de que es imposible de cumplir, de que todo aquel que entra irregularmente en España será expulsado. Una semana intensa, con un carrusel de ministros visitando Ceuta, en la que Moncloa ha elevado su tono en materia de migración, con malabares para no molestar a Marruecos. Los objetivos del plan, resumidos en cinco puntos: que no se repita la avalancha de finales de julio (logrado ayer) y que salgan el mayor número de inmigrantes que quedan en Ceuta (aún por conseguir).
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