Si algo quedó claro el sábado es que el control de la frontera por Marruecos hace imposible una avalancha como la que vivió Ceuta el 30 de julio. De la llamada a intentar de nuevo el día 15 la entrada masiva en España, y por lo tanto en Europa, solo quedan imágenes de la represión marroquí a las largas filas de personas que pretendían acercarse a la valla de la playa del Tarajal, y a los soldados españoles blindando el acceso por si alguno se colaba. Ninguno lo consiguió. No se puede ver como un triunfo que, pese a lo que sucedió en julio, cientos o miles de personas sigan intentándolo, porque demuestra la desesperación de tantísima gente. ¿Qué será de ellos? La forma en la que actúa el país vecino no augura nada bueno. Y en el caso de los subsaharianos será mucho peor.
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