Los ceutíes que, supliendo el vacío de las administraciones públicas, se han hecho cargo voluntariamente de la acogida de personas que cruzaron irregularmente a la ciudad autónoma han estallado. Pasan los días, una veintena ya, pero las autoridades siguen sin dar un espacio digno (y seguro) a miles de inmigrantes que continúan a la intemperie, pese a la promesa del Gobierno de desplegar “de forma inmediata” cuatro centros con 1.500 camas. “Si no hay una solución ya, los voluntarios no vamos a cuidar a nadie más”, avisaba ayer Hafida Mustafa, una vecina del barrio del Príncipe que lleva más de una semana custodiando la pista deportiva que se convirtió en el refugio de niñas y adolescentes que llegaron solas a la ciudad, en situación de enorme vulnerabilidad frente a la violencia sexual, la explotación o la trata. La paciencia se agota en las calles, con vecinos con sentimientos de cansancio e inseguridad e inmigrantes en condiciones infrahumanas, mientras los nuevos espacios aún no se han habilitado. Ni tienen fecha de apertura.
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