Un piso de su pareja, un ático alquilado al asesor fiscal de este, otro inmueble que buscó comprar con ayuda de un cargo de Presidencia, un chalé de la Comunidad utilizado para fines privados y, finalmente, un ático de lujo de 6,3 millones que se justificó como oficina, después se barajó como posible residencia oficial —aunque carece de licencia para ambos usos— y ahora se vende.
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