Las pescaderías Yunes en el mercado central de Ceuta despachan muy por debajo de lo habitual un sábado a las nueve. “Normal, las personas mayores ya no salen a comprar ni a pasear por las tardes”, señala una paradista. Fátima es celadora del Hospital Universitario, el único de una ciudad de cuya paciencia depende la gobernabilidad de España. “Mi hija de 20 años no sale cuando oscurece por miedo y en Ceuta la vida estaba en la calle”. Tercer aviso: Mercadona , barrio de la Almadraba, militares en las puertas, carros a rebosar. Una pareja de ceutíes musulmanes: “Esto no va rápido, cuando llegue el frío no podrán dormir a la intemperie y el hambre es muy malo”.
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