Imaginen a Amancio Ortega de Inditex, a Juan Roig de Mercadona o a Ana Botín del Banco Santander clasificando a sus proveedores, clientes o empleados por su sesgo ideológico. Que en su despacho tuvieran una libretita, con nombres y apellidos ordenados alfabéticamente de los que pudiran leerse cosas como estas: Pepe es más rojo que La Pasionaria. Juan más azul que Primo de Rivera. Manolita ni carne, ni pescado, ella es muy de centro-centrado. Ramona, una pelota a la que todo lo que hace la empresa le parece estupendo. Marc, un crítico tocapelotas que sólo echa leña al fuego del comité de empresa y los sindicatos.
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