Hay gente que ve venir cosas. Y hay gente que, cuando las ve venir, hace algo al respecto. El centro político hace tiempo que ve venir problemas. El drama es que el mundo que le rodea se ha ido haciendo cada vez menos hospitalario con los matices. No es un fenómeno catalán. Alemania es estos días un buen ejemplo, con consecuencias, de cómo la presión de la derecha se suma a la creciente dificultad de habitar un espacio que no sea exactamente un bando.
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