Cuando un referente político como la CDU alemana, artífice en buena parte de la paz y la construcción de la Europa unida, se desmorona, significa que nada está a salvo del vendaval populista que atraviesa las democracias occidentales. Si un partido tan arraigado en Alemania y en Europa como es la CDU está pasándolo tan mal por el acoso de la ultraderecha de la Afd, ¿cómo pueden otras formaciones como el PP en España o Junts en Catalunya evitar ser arrastrados por el mismo fenómeno?
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