“Más testosterona que neuronas”. La esgrima dialéctica entre el Tribunal Constitucional y el Supremo a cuenta de la ley de amnistía no es nuevo, ni original, ni disruptivo, pero sí ofrece un espectáculo que los encausados por el procés siguen con media sonrisa dibujada en el rostro. La “victoria” que reivindican nueve años después desde Junts y ERC no la constituye solo el retorno de Carles Puigdemont, Lluís Puig y Toni Comín o la rehabilitación política de Oriol Junqueras y el resto de exconsellers. La victoria, “rotunda y sin paliativos”, la concede la degradación institucional del adversario. Y esa es la imagen que han dispensado los tribunales, primero ante los indultos y ahora con la amnistía.
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