La ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias volvió a ser el simulacro alucinado de lo que podría ser una democracia tolerante, culta y fraternal. El espíritu de los discursos, la calidad profesional, creativa y humana de los premiados –el Studio Ghibli, Leo Messi, Patti Smith y Julian Barnes entre otros— y la armonía colectiva de las gaitas contrastan con una actualidad política sulfúrica y decadente. En Oviedo, Patti Smith aprovechó el viaje para atender la demanda de los institutos y fue recompensada con la sorpresa de ser recibida por una multitud de grupos corales que la acompañaron para cantar People have the power .
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