Hay situaciones, actitudes, manifestaciones, tendencias, que por mucho que se repitan no deberíamos normalizar, porque no son admisibles, no deben aplaudirse, son inaceptables desde el punto de vista social, político y de convivencia. El último ejemplo es lo ocurrido en Barcelona en la noche del sábado, cuando centenares de jóvenes incendiaron de nuevo las calles, y no pasó más porque los comercios anticiparon lo que para ellos es normal y prefirieron cerrar, con lo que supone de pérdidas económicas, a tener que asumir los enormes gastos de la barbarie.
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