Iris es profesora de química jubilada y cobra una pensión de unos seis euros mensuales en Cuba. Nieta de un gallego, lleva tres años tramitando la ciudadanía española a través de la ley de Memoria Democrática, proceso en el que ya se ha gastado, al menos, doce veces su pensión. De aquí a dos años, cuando estima tener el pasaporte español, no pretende exhibirlo en una vitrina ni guardarlo en un cajón, sino utilizarlo para coger por primera vez un avión. A sus 65 años, quiere venir a España “para trabajar y ver otras partes del mundo”.
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