Los cientos de inmigrantes, sobre todo subsaharianos, que han convertido la playa del Trampolín de Ceuta en un campamento improvisado con chozas artesanales a base de cañas y ramas, o las decenas de menores, la mayoría marroquíes, que colapsan las inmediaciones de la jefatura superior de Policía a la espera de ser filiados, están dando al presidente ceutí argumentos para aplicar unas políticas muchos más restrictivas que las actuales.
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