“Una paz chica para una guerra grande”. Esa fue la definición que caló popularmente del Tratado de Paz de Wad Ras que firmaron el 26 de abril de 1860 España y Marruecos para poner fin a lo que en la Península se conoció como la Guerra de África. Con el objetivo de garantizar la seguridad de Ceuta y Melilla, las tropas al mando del general Leopoldo O’Donnell, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, habían conseguido una rotunda victoria en una campaña relámpago, llegando a tomar Tetuán. Sin embargo, la paz sólo garantizaba la seguridad de las plazas de soberanía, una indemnización por los daños de la guerra y el reconocimiento de Santa Cruz de la Mar Pequeña, donde el Reino de Castilla ya se había asentado en el siglo XV e identificada entonces como Ifni, como explotación pesquera española.
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