Pedro Sánchez es aficionado al enduro. Le gusta sortear obstáculos naturales con la bici y exhibir resistencia y destreza en las redes sociales. Posición, frenada, curvas, mirada, control de velocidad y lectura del terreno. Proliferan los manuales de jefes de gabinete, pero al presidente le va el enduro. Hasta ahora. La política clásica fue engullida por la polarización y su hoja de servicios en el terreno de la gestión luce hoy una mancha imborrable en los estertores de la legislatura.
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